Foto: Trencadís (cerámica fragmentada) en el Parc Güell de Barcelona

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sábado, 4 de octubre de 2014

Naturaleza fantástica


El árbol Wakwak, Golconda India s. XVII


"Las grandes civilizaciones de Europa y Asia son justamente contempladas como entidades proveedoras  de características culturales propias, pero, en realidad, ejércitos conquistadores y grandes movimientos de poblaciones han convulsionado siempre la historia de esas zonas y han producido intercambios artísticos, técnicos e ideológicos que tienden a fusionar las culturas entre sí."

Rudolf Wittkower, La alegoría y la migración de los símbolos



Añado en esta entrada algún fragmento más de la obra de Jurgis Baltrusaitis "La Edad Media fantástica". Obra descatalogada en versión castellana hace ya más de tres décadas pero bien merecería una nueva edición. En esta ocasión selecciono parte del estudio sobre las derivaciones iconográficas entre Oriente y Occidente en torno al árbol wakwak. Árbol presente en antiguas legendas de la China, India, Persia y el mundo Árabe, y que según su autor tendrán influencia en la imaginería europea tanto en su utilización como elemento ornamental en manuscritos (el hom), como en soporte de contenidos simbólicos y alegóricos de gran complejidad.



El WAKWAK
(fragmentos)
por 
Jurgis Baltrusaitis

El "WAKWAK". El "hom" con cabezas. Las plantas zoomorficas y las plantas parlantes en las leyendas e imágenes islámicas. Metamorfosis occidentales: el árbol de la Vida con cabezas y su serie renana; las fábulas orientales en la botánica medieval; el árbol del Sol y de la Luna; el árbol heráldico del Mal; el árbol alquímico; el árbol de Jessé y el árbol del conflicto del alma.


Las plantas de frutos zoomórficos derivan de una doble tradición: ornamental y legendaria: Al principio, es el Árbol de la Vida, de una vida tan impetuosa y feroz que hace estallar el
cuadro vegetal.
Sello de Mohenjo Daro 3000 a. C.
Algunas composiciones que ya hemos señalado (Mohenjo Daro -imagen izquierda-,  tejido mesopotámico de Maestric, esculturas orientalizantes de la Italia lombarda) le dan esta forma de hom.
Aparecen  en la iconografía bizantina. Poseemos una representación suya en el Salterio de Chloudof realizado durante el siglo  IX en el período iconoclasta en el que la iconografía, rompiendo con la inspiración clásica, renace bajo el impulso del oriente popular y violento. Según Tikkanen, la imagen del Paraíso, que corresponde al Salmo CXVII, 20, "Es la puerta de Jehová, los Justos pueden entrar por ellas", muestra un matorral en el que han florecido cabezas humanas. La visión debe relacionarse con los cuentos árabes relativos a los árboles que producen seres vivos, difundidos a partir del siglo VIII.
El cuento ha tenido varias versiones. Según unas, éste árbol maravilloso de una isla lejana, lleva sobre sus ramas las cabezas de los hijos de Adán, al amanecer y por la noche, grita "Wak-wak" y canta himnos al Creador. Para otros, tiene como frutos cuerpos completos de mujer y sus reclamos "wak-wak son un mal presagio. La leyenda se nos cuenta en Los Libros de maravillas de India, escritos en el siglo X, en el cual aparece un árbol cuyos frutos, parecidos a calabazas, ofrecen algún parecido con una cara humana. Pero su primera mención la encontramos en una relación china, T'ong-Tien  de Tu Yu, escrita después de su cautiverio tras la batalla de Talas en el año 751, y de una estancia con los árabes. El texto precisa exactamente sus fuentes:

El rey de los Ta.Shih (los árabes) había enviado hombres que, a bordo de un barco y llevando consigo vestidos y víveres, se adentraron en el mar. Al cabo de ocho años, vieron una roca cuadrada. Sobre esa roca, había un árbol cuyas ramas eran hojas y las hojas verdes. Sobre el árbol, había crecido una multitud de niños pequeños, medían entre seis y siete pulgadas, cuando  veían hombres no hablaban, pero todos ellos podían reirse y agitarse. Sus manos, pies y cabezas se adherían a las ramas del árbol. Cuando los hombres les desprendían y les tomaban, tan pronto como entraban en sus manos, se secaban y se hacían negros. Los enviados volvieron con una rama de este árbol que ahora se encuentra en la residencia del rey de los Ta-Shih.


Otra variante figura en el Kitab al-haiyawan de al-Djahiz (859), en el que el wak-wak produce animales y mujeres suspendidos por los cabellos. Estas últimas están coloreadas y no dejan de decir "wak-wak". Se callan y mueren cuando se les separa del árbol. Según el Kitab al-djaghrafiya de un geográfo anónimo de Almería del siglo XII, estas plantas crecen en la isla Wakwak que se encuentra en el mar de China. Sus ojas se parecen a las de la higuera. Los frutos comienzan a formarse al comienzo del mes de marzo, momento en que se ven aparecer los pies de las muchachas. Los cuerpos surgen en el mes de abril, las cabezas en el de mayo. Estas muchachas son magníficas y admirables. Comienzan a caer a comienzos de Junio, y, a mediados de mes, ya han desaparecido. Cuando caen, gritan "wak-wak".
 La cosmografía de Karwini propagó la fábula durante el siglo XIII. La vuelven a tomar innumerables realciones árabes, pero, desde un cierto tiempo, la leyenda se asocia a la epopeya de Alejandro Magno (Iskander) interpretada por Firdusi (1010) y Nizami (1191). Los árboles del Sol y la Luna, que acogen al soberano en el umbral de India, uno de los cuales predice al rey en griego la conquista del mundo y el otro, en indio, su muerte en Babilonia, se confunde naturalmente en la mente de los musulmanes con los vegetales parlantes. El wakwak figura también en la historia de Caballo Blanco en el país del Rey-Demonio.
En las leyendas, aparecen otras muchas singularidades. El Oriente está lleno de vegetales que se confunden con la fauna. En un jardín hindú, los granados, cuando florecen, dan pájaros multicolores. Existen también árboles cuyas ramas caídas se animan y reptan como serpientes. En otra partes, los animales se plantan como legumbres: "Si usted introduce bajo tierra el ombligo de una oveja y lo riega con agua, brota un corderito. El animal crece cuando retumba el trueno." Se trata de un cuento tártaro, llegado de la China, donde se concía ya en los anales T'Ang. El Talmud de Jerusalem nos ofrece otra variante: según el comentario del rabino Simeon de Sensn (1235), la criatura llamada Jadua crece sobre las montañas y tiene el aspecto de un monstruo semihumano unido a la raiz por el ombligo. Devora la hierva de su alrededor y ataca a todos los que se le acercan. Para matarlo, hace falta romper el tallo que le une a la tierra. A finales del siglo XII, el rabino Pethachia de Ratisbona menciona los dudaims que representan una figura de hombre y cuyas hojas son largas. El vergel en el que se cultivan, con toda suerte de diferentes frutos, está situada entre Nínive y Bagdad, es decir, en la región y en la época en la que tantos cobres incrustados combinan la flora con las criaturas vivas. Diversos autores se refieren a plantas que hablan: Maimónides (1134-1204) escribe, a propósito del Libro de la Agricultura de los Nabateos, que en la India existen árboles con una cabeza en el nacimiento del tronco cuyas raíces están formadas por sus cabellos y que poseen, como la mandrágora antigua -probablemente también de origen oriental- , voz humana. Ibn al-Baytar (1197-1248) cita igualmente en su Botánica el sarrakha que grita el día de una fiesta. El que le oye muere el mismo año. Todas las especies de vegetales que producen hombres, cuadrúpedos o pájaros y que se difunden hacia las mismas fechas y en los mismos focos con adornos en las cabezas, las encontramos en las creencias y fábulas. Se trata del mismo mundo híbrido que está presente en la decoración.


El libro de las curiosidades, Manuscrito árabe s. XI


En un principio, los temas ornamentales se referían sin duda a leyendas, pero multiplican las fantasías de éstas mediante combinaciones más llbres que, por su parte, sugirieron enseguida nuevos cuentos.
La representación del wakwak de los miniaturistas persas ilustran esta fusión decorativa y fabulosa de las tradiciones. Los ejemplos más antiguos que nos han llegado, preceden en más de un siglo a la propagación de las ramas con cabezas en la incrustación de metales o en la cerámica, y ellas asimilan progresivamente sus formas.

Un Sahah-Name de la escuela de Tabriz (comienzos del siglo XIV), muestra el árbol de Iskander hablando como el wakwak con cabezas humanas, pero vemos también en él cabezas de gallos, machos cabríos, zorros y conejos, las mismas que sobre los ornamentos. (...)

 Sahah-Name, escuela de Tabriz s. XIV


Trasplantado a Occidente, el árbol fabuloso experimenta los mismos cambios. Después de las imágenes prerromanas relacionadas con el hom zoomórfico del Asia antigua, aparece en su variante musulmana con las cabezas humanas y, enseguida, se enriquece con nuevas aportaciones. El primer grupo se constituye durante el siglo XIII en Renania y en los focos germánicos. El Hortus Delicarum de Herrade De Landsberg (finales del siglo XII-hacia 1205), que reúne elementos de los manuscritos beneventinos, de iconografía bizantina y de especulaciones cosmográficas del Islam, representa el Paraíso con una planta con cabezas, como el Salterio Chloudof.

El árbol de la vida y nacimiento de Eva, Hortus Delicarum

Sobre uno de estos dibujos, Adán está dormido cerca de un wakwak que podría relacionarse directamente con una de estas trasposiciones orientales cristianas. Pero Eva, en la mano de Dios Padre, adopta la forma de un roleo con busto humano sin piernas, parecido a los arabescos antropomorfos. Se dría que, en vez de haber sido extraída del hombre, se acabara de desprender de una rama. El Creador la coge como un ramo con su fruto. La imagen parece ilustrar el cuento del árbol que produce mujeres y muchachas. Este dibujo sigue más estrictamente la descripción árabe que las ilustraciones persas que alteran su aspecto multiplicando los animales.
En estas regiones, se representa frecuentemente el prodigio. Lo volvemos a encontrar en el de Herman de Turingia (1271) encima de la figura de Abraham distribuyendo los frutos de la vida eterna. En el Paraíso de un manuscrito de Wolfenbüttel (hacia 1250), el patriarca se encuentra entre dos wakwaks; algunos niños se precipitan para apoderarse de sus frutos. Sobre el techo de Hildesheim (hacia 1230), la planta está a la derecha de Adán y Eva tentados por la serpiente (detalle en la imagen derecha donde se aprecian pequeñas cabezas en las ramas). Sobre la tumba de arzobispo de Treves, Henri de Festingen (m.1286), el Árbol de la Vida es también el Árbol de la Muerte. Dos ramas cargadas de frondoso follaje están fijadas a él, sobre el mismo tronco. Como en el Chah Nameh de la escuela de Tabriz, todo podría parecer natural si no hubiera cabezas en lugar de frutos: cabezas de ángeles, sonrientes, entre dos alas, o cabezas de muerto; unas, a la izquierda, parecen subir; otras, a la derecha, se inclinan hacia el suelo. Es un movimiento de reloj: por la mañana, la vida se levanta para volver a bajar hacia la tarde. La fábula de la planta que lleva las cabezas de los hijos de Adán que al alba y al final del día, cantan himnos al Creador, parece resonar en esta figuración. Por otra parte, es idéntica a otro texto.
Según Sidi Ali Chebili, también se ven madurar cráneos humanos. Cuando los frutos están granados, se desprenden y caen partiéndose en piezas al tiempo que gritan "wakwak".
Sin duda, las leyendas orientales se conocieron en la Edad Media a través de tratados árabes o judíos (Maimónides de Córdoba, los rabinos Simeón de Sens, Petchachia de Ratisbona), pero vuelven a aparecer en los relatos de viajes occidentales. Odorico de Poderdone (1331), describe un árbol que produce, en lugar de frutos, hombres y mujeres de apenas un codo de altura. Están unidos al tronco por sus extremidades inferiores. Sus cuerpos están frescos cuando el viento sopla y se seca sin el movimiento del aire. El monje ha recogido esta descripción en el Malabar de la boca de un testigo. En algunos herbarios, por ejemplo el Hortus Sanitas de Lübeck (1492), se representa  a Narciso como uno de estos prodigios.

Narciso, Hortus Sanitas, Lübeck, 1492

Para los árabes, el wakwak era siempre de origen hindú o estremoriental. El franciscano menciona también el cordero-planta que crece en el país de Cadili. El cuadrúpedo madura en un melón de suerte que se tiene al mismo tiempo un fruto y carne. "Muchas gentes no quieren creerlo, sin embargo es un hecho cierto, tanto como el de que en Irlanda las ocas crecen en los árboles". 

 Árbol de las ocas, Sebastian Münster, Cosmographie 1544


Precisamente en estos lugares, Inglaterra o Flandes, se sitúan desde hace algún tiempo, los árboles con pájaros. Jean de Mandeville (hacia 1360) toma igualmente en consideración las dos especies. Una miniatura del Libro de las Maravillas que Juan sin Miedo dio al duque de Berry en 1443, muestra a occidentales con una rama de frutos ornitoformes frente  a dos orientales, un judío y un árabe, (?) que les presentan un "corderito" en el melón. Los melones nacen sobre un árbol .


 Libro de las Maravillas de Marco Polo fº 210

En los grabados del siglo XV, estas bestias cornudas se unen directamente a su soporte, como los carneros sobre el wakwak. En Vincent de Beauvais, el cuento sigue con mayor
agnus scythicus
fidelidad la versión del rabino Simeón de Sens. El agnus scythicus aquí está cubierto por un vellón amarillento y se une al suelo por un gran tallo. El animal es mencionado todavía por Herberstein, enviado de Moscovia de 1511 a 1526 quien dice a este respecto que se hacían llegar a Venecia desde Samarcanda "pieles finas de una determinada planta que crece en ese país, de las que algunos musulmanes se servían, a modo de pelliza, para forrar pequeños gorros. Dicen que esta planta se llama Smarcandeos y que es un zoofito o planta animal. Para terminar, Tucher, retomando la tradición de Mandeville. pero situando los cuadrúpedos no ya en los melones, sino en las flores, presenta en 1482 un árbol del que nacen diversos animales. Se trata de una deformación de una nueva versión de la leyenda que el autor ha podido encontrar en Palestina durante su viaje en 1479.
Bajo el aspecto de raíces animadas, además de la
mandrágora que "cuando se la coge se queja, llora y grita", se representan también, entre las plantas góticas, los vegetales que salen de cabezas humanas o animales, como el wakwak persa. Los Herbarios del siglo XIV muestran frecuentemente máscaras que se perfilan en el interior de protuberancias nudosas. Un tejido de Luca tiene como motivo  árboles a cuyo pie encontramos cabezas humanas con los cabellos cogidos en el suelo, siguiendo en esto el texto de Maimónides. Todas las variedades de esta vegetación se conocen perfectamente en Occidente.
La planta parlante reaparece en El Romance de Alexandre, primero en la versión clásica con la tradición del Pseudo -Calístenes en donde no se habla de cabezas: los árboles del Sol y la Luna pronuncian las palabras misteriosamente, sin boca. La historia encuentra lugar en el Speculum historiale de Vincente de Beauvais (IV, 56). (...)

 Los árboles del Sol y la Luna, Cronicas de Alejandro s. XV

En el Libro de las Maravillas del duque de Berry, donde figuran en la narración de Jean de Mandeville sobre la India, la Luna y el Sol aparecen en los frondosos follajes y tienen rasgos humanos. Según el autor, estos árboles se mantienen todavía en pie en el desierto de una isla poblada por bestia salvajes, grandes dragones y enormes serpientes. Quienes coman sus frutos y el "bálsamo que crece allí" vivirán trescientos o quinientos años, pero no se puede llegar a este paraje a causa de la distancia y de los peligros de los lugares. (...)

Al acoger las formas orientales, la Edad Media renueva a menudo su carácter y su aspecto. Las adapta también a sus sistemas religiosos y simbólicos. El árbol que produce animales se convierte en árbol heráldico del Mal. La planta con cabezas humanas cambia constantemente de significación, desde la alquimia hasta los emblemas morales.
En un primer momento el árbol heráldico del Mal se dibujaba esquemáticamente. En el De fructibus carnis et spiritus de Hugo de San Victor, éste árbol, llamado el Viejo Adán, no es más que un andamiaje abstracto, un diagrama de los siete pecados en el que del orgullo, que contiene el tronco, salen siete ramificaciones: la Envidia, la Vanagloria, la Cólera, la Tristeza, la Avaricia, la Intemperancia y la Lujuria, inscritas en una red de medallones.

Árbol de los vicios, De fructibus carnis et spiritus s. XII

Durante el siglo XIII, la summa del Rey redactada por el dominico fray Lorenzo para Felipe el Intrépido, retoma este esquema decorativo vegetal, pero, por otra parte, se representan los pecados capitales con las siete cabezas de la bestia del Apocalipsis. En el fresco de Hoxne, en Sufflok (siglo XIV), el esquema se amplía a siete dragones. En la cumbre del tronco se abren fauces de monstruos; las ramas se convierten en bestias que escupen los vicios personificados.

 Fresco de Hoxne (Sufflok, Gran Bretaña, s. XV)

Furiosas convulsiones sacuden la planta cuyo grito parece oírse. El cambio en animal es más completo que en la flora zoomórfica de Oriente donde generalmente subsisten las hojas y las ramas intactas. El principio, sin embargo es análogo.
En el Espejo de la Vida y de la Muerte escrito en 1266 por Robert de L'Omme que ha servido de prototipo para una moralidad valona del siglo XV, no son ramas, sino raíces del árbol las que se metamorfosean en animales:


...Pues el árbol sobre el cual está sentado
De VII pecados mortales nacía;
VII raíces de siete serpientes
salían y mucho me preocupo.

La alegoría se produce en un compendio de textos científicos y poéticos realizado hacia 1277 en el norte de Francia y en el Verger Soulas (comienzos del siglo XIV). Un  manuscrito de la Biblioteca Vaticana, nos muestra un croquis inacabado de ella, acompañado de notas marginales para el minituarista. Las siete raíces del árbol, sobre el cual vemos una reina y una Antivirgen rodeada de músicos y un demonio, se prolongan en dragones cuyas colas se abren en bustos que personifican los vicios.

Le Verger de Soulas, s. XIV

De este modo, el wakwak, la planta del Mal, se ve estremecida por un remolino de monstruos. Pero las raíces vivas (se trata de la radix luxuriae, radix avaritiae, etc. y no de bestias independientes) se abren en abanico como un gran árbol subterráneo. (...)
En una Biblia holandesa (hacia 1425), la planta brota de un hombre tendido. Doce cabezas extrañamente vivas oscilan sobre delgados tallos que parecen sostenidos por un teliz oculto. Todas llevan coronas reales. Se trata de un árbol de Jessé, y nada tan inquietante como el espectáculo de los reyes de Judá creciendo sobre las ramas y conversando entre sí.

Árbol de Jessé, Biblia holandesa (hacia 1425)

Una imagen más singular todavía, que se encuentra en los Remedios de la Buena y Mala Fortuna de Petrarca, ilustrados por H. Burgkmair o por un artista de su escuela hacia 1515 y de la que sólo poseemos publicaciones más tardías, puede relacionarse con esta composición. En ella vemos salir de un ser humano una planta de frutos vivientes. Pero el hombre no está acostado; esta vez está de pie. De su pecho se escapa una rama con una cabeza parecida a la suya, una figura desnuda aureolada y un corazón.

Árbol de las Inquietudes e Incertidumbres del Espíritu, Petrarca, Augsburgo, 1532

El hombre está segando esta excrecencia. Se representan así los conflictos interiores, pugnas más dolorosas que una guerra civil porque tienen lugar dentro del alma. Los filósofos han dividido esta alma en tres partes: la primera ha sido colocada en un lugar eminente, a saber, la cabeza; es modeladora de la vida, celeste, tranquila y siempre está cercana a Dios; las dulces y honestas inclinaciones tienen en ella su sede. Las otras dos están situadas, una en el pecho (el corazón) donde la cólera y todas las emociones salvajes (Zorn, Sturm und Geschwindigkeit) se enardecen y engendran; la otra encima de las entrañas (das Vorherz) donde se forman regularmente la concupiscencia y los placeres desordenados (Begyrlichkeit und Unreinigkeit). Para ilustrar estas fuerzas contrarias, el autor evoca un mar embravecido, mientras que el grabador las encarna en una vegetación enraizada en el hombre. La figurilla auroleada; cuya parte impura se encuentra oculta bajo la cintura, precisa el sentido  de todo el árbol. Es el alma a la que se ataca con la sierra. El gesto ilustra el combate consigo mismo en el que "el alma se va por partes", y la sierra simboliza las angustias y tormentos que acompañan el conflicto.

 Detalle de la figura aureolada (el "alma") en la parte superior izquierda del grabado



Lecturas:

Jurgis Baltrusaitis, La Edad Media fantástica. Cátedra 1983


Otras entradas de Jurgis Baltrusaitis:

Fascinación por Oriente en la Edad Media

El espejo de Pitágoras

La naturaleza animada

El espejo


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6 comentarios:

M.A.O dijo...

Ante el misterio de la existencia misma y su contracara, la muerte, el hombre se vale de lo fantástico para tratar de explicar lo inexplicable. Los conflictos del alma suelen ser tan dolorosos que es atinada la comparación con una guerra civil. La imaginación, la fantasía y la poesía nos permiten sobrevivir a nuestros propios males, significan algo así como vías de escape al sufrimiento humano.
Por cierto, querido Amigo, interesante post, como siempre.

Un fuerte abrazo!!!

Jan dijo...

Querida Mabel, la espectacular imagen final donde se representan los conflictos del alma en forma de arborescencia que surge del pecho de un personaje que trata de serrarla, me trajo a la memoria la divisa personal a modo de emblema moral que utilizaba Fray Luis de León encabezando sus obras que puedes ver aquí:

http://www.superconsciousness.com/sites/default/files/images/articles/knowledge/3._Ab_ipso_Ferro_fray_luis_leon.jpg

En el grabado aparece un roble con una hacha en su base y algunas ramas podadas con el lema "Ab ipso ferro". Según parece, aludirían a algunos pasajes que forman parte de "Exposición del libro de Job" escrito por el célebre fraile. Aquí te dejo algunos de ellos:

"Porque así, que como el hierro limpia el árbol de las ramas viejas e inútiles que le gastaban el jugo sin fruto, y deja la raíz para que la emplee en otros ramos nuevos de más hermosura y provecho, así la firmeza de la virtud no se ofende de que la dureza de la adversidad le cercene lo que está fuera de ella y no le sirve sino de distraerla y ponerla en peligro".

Y en otro lugar:

"Y no sólo en el nacer y florecer y dar fruto tienen semejanza con los justos los árboles: más también en el resistir lo adverso, y en mejorarse con la dureza del hierro, y con él siendo heridos y cortados, tornar a renacer de nuevo mejores".
"Bien como la ñudosa carrasaca (roble) en lo alto del monte desmochada con hacha poderosa, que de ese mismo hierro que es cortada, como vigor y fuerzas renovadas."

Así, podemos entender que parece inevitable el hacer uso de la poda de vez en cuando, eliminar algunos lastres que con el paso del tiempo se van acumulando y entorpecen el camino.

Un abrazo amiga

M.A.O dijo...

Gracias Jan, va otro fuerte abrazo para vos, querido Amigo.

Moisés dijo...

Antes que nada quería, Jan, darte enhorabuena por esta entrada. Impresionante el trabajo de recopilación de imágenes y de textos. Me interesa muchísimo ese lenguaje común que acerca a Oriente y a Occidente, dos conceptos contrapuestos que no tienen porqué serlo (Admiro a Edward Said, pero parte de esa base al contraponer Oriente y Occidente en "Orientalismo). El ejemplo del Wak wak, llámese así, o árbol del Edén o lo que sea, nos hace pensar que la raíz fue común y que las ramas se fueron separando. Lo cual nunca puede considerarse opuesto sino diferente o con desarrollo diferente.

Un fuerte abrazo

Jan dijo...

Moisés, por encima de las características diferenciadoras propias de cada cultura, lo cierto es que sus intercambios a lo largo de la historia han hecho prevalecer una tendencia hacia su fusión. Valga un breve repaso: Seis siglos antes de Cristo el imperio de Ciro el Grande se extendió desde la India hasta Egipto, para dos siglos después expandirse Occidente con Alejandro Magno para dominar la misma parte de Asia. Después la cultura romana llegó hasta Afganistán y el valle del Indo, para luego en el siglo tercero los sasánidas doblegar a sus legiones y hacer retroceder a Occidente en Asia Menor, Siria y Egipto. Luego las tribus árabes irrumpieron con el Islam en el siglo VII y en menos de un siglo llevaron su dominio hasta Persia, India y Egipto. Y luego las conquistas de los mongoles como otro ejemplo más del constante fluir entre Oriente y Occidente. Algo que demostraría que es más lo que nos asemeja que lo que nos opone o diferencía.

Abrazos

Moisés dijo...

Por esos mismos ejemplos opino que los conceptos absolutos de Occidente y Oriente están vacíos. Algo que no parece ser que sea la idea predominante en el mundo actual donde tanto se cargan las tintas en las diferencias. Toda la construcción de los imperios, más allá de otras implicaciones políticas, trajeron consigo cambio culturales que conforma las identidades actuales. Esto no significa que todas las culturas sean iguales o que finalmente acabemos fusionando todas las culturas en una sola. Por eso me interesan otras culturas. Me encanta buscar similitudes donde la mayoría encuentran diferencias (y viceversa).

Un abrazo.